¿Default?

El Ecuador tiene una lamentable, y bien ganada, reputación de “serial defaulter” o, dicho en castizo, de “mal pagador”. Lo ha sido a lo largo de su historia, y hoy es alto el riesgo de que se repita otro sacudón de no-pago.

Es un grave error estratégico asumir que el mercado carece de memoria, y que acepta resignadamente el no pago por razones de bravatas políticas. Atropellar la ley y sostener conceptos absurdos como aquel de mantener que el nivel de la deuda está en el 32 % del PIB presupone que del otro lado se trata con estúpidos que no saben cómo calcular un porcentaje. Son manifestaciones de la cerrada defensa de quien sirve los intereses de un capo acorralado. La demagogia, la soberbia y la simple estupidez en el manejo del interés público ya le han costado al país miles de millones de dólares en sobrecostos financieros. En el Ecuador hay suficientes profesionales altamente calificados en el conocimiento de la disciplina económica como para seguir designando personajes cuyas credenciales son de poca monta, y sus actitudes subordinadas a una dependencia ideológica cuyo credo es la estulticia como base y fundamento de la política económica.

El Gobierno ha perdido un tiempo precioso en el que pudo dar las señales adecuadas de un manejo económico apto. No lo hizo, y en un año de gestión ha quedado demostrado que el desempeño de las autoridades económicas ha estado divorciado de la realidad. Han sostenido y sostienen que un modelo quebrado es susceptible de arreglo para perpetuar la concepción de Estado del SSXXI, manteniendo el ritmo de gasto público a como dé lugar y pasándole la cuenta a los contribuyentes.

El primer ministro de finanzas del gobierno actual utilizó al BCE como el prestamista del Gobierno en un acto de verdadera impudicia económica, incrementó el endeudamiento externo en 50 %, y pretendió consolidar el modelo económico de Correa. La ministra, por su parte, ha demostrado nuevamente su natural antipatía para con los bonistas y el FMI, ha perdido el último cuarto de hora que le quedaba, se ha granjeado la desconfianza y rechazo interno y externo dedicándose a preparar su paquetazo, atendiendo las instrucciones de su jefe. Busca tapar las evidencias del mal manejo del crédito público. Pretende de tal forma hacer aparecer como ramo de flores a lo que es un saco de alacranes.

El mercado ha lanzado la voz de alarma. Hay dudas fundadas respecto del cumplimiento del servicio de la deuda por parte del Ecuador. Ello ha causado que los rendimientos de los bonos hayan subido 250 puntos en el último mes y que el riesgo país bordee los 800 puntos. Internamente, el servicio de la deuda pública acapara una tercera parte del presupuesto, y su tope está sobrepasado en abierta violación a la ley.

Si todos estos obstáculos se superasen, el país podría optar por financiamiento del orden del 11 %, esto es, un costo insostenible desde cualquier punto de vista. La alternativa al no “default” es dejar de pagar los sueldos a la burocracia, y/o asaltar de nuevo al Banco Central.

Si hay “default” será, en la repetición de la historia, una verdadera tragedia. Será también el desenlace del desastre que se inició 11 años atrás.

Francisco Swett.

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