VLADIMIR PUTIN NO DESCARTA UNA GUERRA NUCLEAR.

El presidente ruso afirma que la decisión de EE UU de retirarse de tratados sobre armas clave conduce a “un peligroso precipicio”.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha avisado este jueves a Occidente de que si no se impulsan los acuerdos clave de control de armas nucleares, el mundo se enfrenta a una situación “muy peligrosa”. “Desgraciadamente hay una tendencia a subestimar la posibilidad de una guerra nuclear, y esa tendencia está incluso creciendo”, ha afirmado Putin en su tradicional rueda de prensa de balance de año. El presidente ruso ha acusado a Estados Unidos de elevar el riesgo de choque nuclear con su decisión de retirarse del tratado bilateral clave de control de armas nucleares de corto y medio alcance, y ha afirmado que Washington parece tener además pocas ganas de extender otro de esos pactos estratégicos. Y eso, ha alertado el líder ruso, conduce al planeta a “un precipicio”.

Este jueves, Putin ha acusado a Estados Unidos de provocar con su actitud que el mundo sea un lugar mucho menos seguro. “Es difícil imaginar qué va a pasar. Si esos misiles [de EE UU] se sitúan en Europa tendremos que garantizar nuestra seguridad”, ha amenazado el presidente ruso, que ya ha insinuado en anteriores ocasiones que si ese despliegue se produce Rusia respondería de “manera simétrica”.

Putin, que destacó la importancia de normalizar relaciones con Trump, aseguró además que Washington está considerando el uso de misiles balísticos con ojivas convencionales. El lanzamiento de un misil de este tipo podría confundirse con uno nuclear, aseguró, algo que podría provocar una catástrofe global. “Si eso ocurre podría suponer la destrucción de toda la civilización y ser incluso el fin de nuestro planeta”, trató de alertar en un auditorio en el que le escuchaban casi 1.700 personas –en su gran mayoría periodistas– ante el que, blandiendo la amenaza nuclear, ha buscado presentarse como la parte razonable. “Espero que la humanidad tenga suficiente sentido común y sentido de autoconservación como para no llevar las cosas a tales extremos”, ha dicho.

La rueda de prensa anual de Putin se ha convertido en un espectáculo maratoniano de preguntas y respuestas en el que el presidente ruso da rienda suelta a su discurso y lanza mensajes a sus aliados y sus adversarios. Todo mientras los periodistas tratan de llamar su atención para obtener la palabra –con carteles, vistiendo trajes regionales o agitando pañuelos e incluso banderas–. Putin, de 66 años, ha estado en el poder –como primer ministro o como presidente– desde 1999 y esta ha sido su decimocuarta conferencia de este tipo. Se produce en un año en el que, pese a ser reelegido con una aplastante mayoría (más del 76% de los votos), su popularidad está bajando debido a la impopular reforma de las pensiones –que aumenta la edad de jubilación– y al estancamiento económico derivado del desplome del precio del petróleo y de las sanciones.

Rusofobia y sanciones

El líder ruso tiene también cada vez más frentes abiertos en el terreno internacional, con la escalada de tensión hacia Ucrania cada vez más caliente y las revelaciones sobre las interferencias de Rusia en asuntos clave de otros países. Pero Putin ha ironizado, e incluso bromeado, sobre quienes dicen que quiere dominar el mundo y ha afirmado que es Occidente quien quiere doblegar a Rusia por su gran potencial.

De hecho, Putin ha vuelto a hablar de “rusofobia”. Y ha asegurado que ejemplo de ello es el caso del ex espía ruso Sergéi Skripal, envenenado en suelo británicojunto a su hija Yulia por agentes de los servicios secretos rusos, según Reino Unido. “Son movimientos políticos y si no hubiera habido caso Skripal habrían inventado algo. El objetivo es muy simple: frenar el desarrollo de Rusia [que es visto] como un posible competidor”, ha apuntado el mandatario.

Putin ha vadeado convenientemente el hecho de que tanto los servicios de inteligencia británicos como distintas investigaciones periodísticas han identificado a los autores del envenenamiento como dos agentes de uno de los servicios secretos rusos (el GRU). También ha tratado de quitar importancia a las sanciones impuestas a Rusia tras el caso Skripal, que se han sumado a otras impuestas por Occidente a Rusia después de que se anexionase la península de Crimea (en 2014), y por EE UU debido a la injerencia en las elecciones presidenciales de 2016. Restricciones que van desde el bloqueo de la importación y exportación de algunos productos y alimentos —a las que Moscú también respondió imponiendo sus propias sanciones— al bloqueo de cuentas de oligarcas rusos y empresarios relacionados con el Gobierno.

Así que, pese a que la economía rusa está estancada, Putin ha asegurado que esas sanciones no tienen efecto en Rusia, que se ha adaptado perfectamente a las circunstancias. De hecho, ha afirmado que es Occidente quien más está sufriendo por estas restricciones. “Las sanciones han sido contraproducentes para aquellos que las han impuesto”, ha dicho. “Para ellos [para Occidente] es sensible. Mire a España. Allí tienen un 15% de paro. Nosotros un 3%”, ha apuntado el presidente ruso en un momento en el que se vuelve a hablar de nuevas restricciones hacia Moscú debido al incidente de finales de noviembre en el Mar de Azov, cuando el servicio de guardacostas rusos abordó, tiroteó y capturó una flotilla ucrania.

Desde entonces, Rusia mantiene presos a 24 marinos ucranios acusados de penetrar ilegalmente en aguas que considera suyas. Un suceso que ha supuesto una escalada en el conflicto con Ucrania y que Putin ha considerado “una provocación” de Kiev y del presidente Petró Poroshenko para ganar apoyo electoral hacia los comicios de marzo del año que viene. “En cuanto al destino de los marineros, estos fueron enviados a morir”, ha acusado el presidente ruso, que ha insistido en que esa era la estrategia de Poroshenko.

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