RAFAEL NADAL PENTACAMPEÓN EN CANADÁ.

El tenista español pasó por encima del ruso y se llevó su quinto torneo en Canadá. Medvedev sólo le pudo hacer tres juegos a Nadal.

Puede que Daniil Medvedev fue demasiado valiente afirmando el día anterior de la final del Masters 1000 de Montreal que no se iba a dejar intimidar por Rafa Nadal, o que salía a cada partido con la intención de ganarlo 6-0 y 6-0. No le falta razón, todo el mundo soñaría con eso, aunque quizá hoy no sabía lo que le esperaba al otro lado de la red. Era su primer duelo ante el español, en su primera final de un torneo de esta categoría, y claro, todos sabíamos el rieso que había de que pagara la novatada. Lo confirmó en poco más de una hora el español, pentacampeón en Canadá tras derrotar al ruso por 6-3 y 6-0. Tercer trofeo para el balear esta temporada, que consigue por primera vez en su carrera revalidar un título fuera de la tierra batida.

En una época donde la mayoría de jóvenes talentos son reconocibles por su agresividad y un golpe de derecha que quita el sentido, Daniil Medvedev parece la excepción que confirma la regla. El ruso definió a la perfección su juego desde el primer punto del partido. Rafa le tiraba una y otra vez a su revés, la táctica más efectiva cuando te enfrentas por primera vez a un rival, pero el español se encontró allí una respuesta diferente. El ruso se mostraba encantado con el planteamiento, de hecho, es de los poquísimos tenistas que se invierten de revés. ¿Y la derecha? La derecha… ahí está, pero mejor que no aparezca. Es lo que pasa cuando entrenas tantas horas un golpes, cuando además es tu golpe natural, que el golpe homólogo se queda un pasito por atrás. Sumando este rasgo más la constancia que suele mostrar siempre el moscovita, igual hasta teníamos partido.

Lo cierto es que Nadal tardó diez minutos en sumar su primer juego en el marcador, salvando varias bolas de break, y su rival lo hizo apenas en un par de minutos. Asombroso, aunque aquel dato no invitaba a ir mucho más allá, con Rafa en la pista eso solo significaba un inicio dubitativo, nada más. Rápidamente se ordenaron los factores, con un Medvedev que sufría cuando jugaba con segundo saque y un Nadal que poco a poco fue ganando en agresividad. El resultado, más pronto de lo esperado, el break a favor del Nº2 del mundo. El luminoso indicaba un 4-1 al que muchos miraron con dolor. El choque generacional, la final de Montreal, podía haberse terminado en apenas cinco juegos de partido. Aunque bueno, hubiera sido uno más de los que disfrutaron estar tarde sus vecinos de Toronto.

Efectivamente, Medvedev no solo quedó apartado, intimidado y alicaído, sino que en muchas ocasiones fue humillado por un Nadal que cuando pisó el acelerador ya no miró atrás. “Mi idea es ganar cada partido por 6-0 y 6-0”. Una buena mentalidad, ambiciosa, pero al alcance de muy pocos. El de Manacor, que lleva unos pocos años en la industria, sabe bien de la dificultad de enfrentarse cada semana a un nuevo rival en un nuevo lugar, pero él sí que sabe cómo llevar ese plan a cabo. Ganó Nadal, el mejor en todos los sentidos, sin regalarnos su mejor versión sobre pista rápida, pero sí confirmando la sensación de que el Big3 sigue a años luz de los más jóvenes en términos de madurez, determinación y personalidad. Daniil se marchó de Canadá con una gran lección aprendida, mientras que Nadal tuvo que hacer hueco en su maleta para acomodar su 35º Masters 1000, el segundo de esta temporada tras el de Roma.

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