BAJA PARTICIPACIÓN EN LAS ELECCIONES DE ARGELIA ENTRE PROTESTAS DE FRAUDE.

Argelia (40 millones de habitantes) celebra este jueves sus primeras elecciones después de la dimisión del presidente Buteflika en un ambiente marcado por la tensión y la incertidumbre. Al mediodía, la cifra de participación avanzada por la Junta Electoral era modesta (7,9%), si bien el 90% de los centros de votación, de un total de 61.000, han podido abrir sus puertas a pesar del boicot del hirak, el movimiento de protesta que desde febrero exige una ruptura con el régimen que ha gobernado el país desde 1962. Mientras en algunas regiones se votaba con normalidad, en el centro de Argel y en varias provincias, sobre todo en la Kabilia, tuvieron lugar manifestaciones que apelaban al boicot de los comicios.

El hirak rechaza la votación porque los cinco candidatos en liza ocuparon cargos políticos durante el antiguo régimen y consideran que, gane quien gane, el hombre más poderoso del país continuará siendo Gaid Salah, el jefe del Estado Mayor. Los cinco aspirantes son los ex primeros ministros Abdeljamid Tebboune y Alí Benflis, mano derecha de Buteflika hasta su divorcio político en el año 2000; los ex ministros Ezzedin Mihoubi, y Abdelkader Bengrina, un islamista moderado; y el ex diputado Abdelaziz Belaïd por el FLN, el antiguo partido único. En los mentideros de Argel, los rumores apuntan que Mihoubi sería el candidato favorito de los poderes fácticos, si bien no ha recibido un apoyo o trato de favor aparente.

A media mañana, en la escuela Juiem Berkami, situada en el centro de Argel y en la que cursó sus estudios Said Bouteflika, el hermano del expresidente, tan solo se hallaban los miembros de las mesas electorales y la directora de la escuela. Ni electores, ni representantes de los políticos de la ANIE (por sus siglas en francés), la Junta Electoral independiente creada hace tres meses. “Hay muy poca participación, menos que en otros años”, confesaba la responsable de la escuela, que no veía ninguna diferencia a nivel de organización con los anteriores comicios. En aquel momento, habían votado solo 11 personas de 364, es decir un 3%, pero la participación se suele animar por la tarde.

En el instituto Pasteur, en una zona de clase media de la capital, sí se podían ver algunos electores, sin presencia de jóvenes. “Esta es la primera voz que he votado. He apoyado el hirak, sin él, no habría estas elecciones. Pero creo que hace faltar hacer cambios poco a poco, no una revolución”, sostiene Ahmed, un profesor de religión de secundaria vestido con una americana de cuadros y una chilaba, y que se declara “islamista”. Sin embargo, no quiere confirmar que haya optado por Bengrina, el único islamista. “El voto es secreto!”, señala con una sonrisa. “Para mí, el futuro candidato debe ser competente y nacionalista, para hacer frente a las potencias extranjeras”, tercia su amigo Mohamed, un ingeniero que se acerca a la cincuentena.

“Oh, mafiosos”.

En la céntrica calle Didouche, a unos 200 metros de la icónica Poste de Argel, una impresionante multitud, en su mayoría jóvenes, se había congregado al mediodía para protestar contra los comicios. Armados de tambores y banderas de Argelia, no cesaban de corear cánticos. El más popular, convertido en bandera sonora de las últimas protestas reza: “Oh, mafiosos / nos habéis presentado cinco lobos / pero no habrá elecciones / antes preferimos la muerte!”.

Durante toda la mañana, manifestantes y policías antidisturbios estuvieron jugando al gato y al ratón en el corazón de la capital, los unos dispersando las concentraciones, y los otros reagrupándose en otras calles. Según informa el diario TSA, numerosos ciudadanos que participaban en las marchas o exhibían pancartas contrarias a las elecciones fueron arrestadas en Argel en el transcurso del día. Sin embargo, la capital no fue el único lugar donde se celebraron manifestaciones del hirak, sino que también ocuparon las calles de otras ciudades como Constantina, Tizi Ouzou o Bejaia.

“Estamos en contra de estas elecciones porque no van a servir para cambiar nada. Aunque caminemos sobre oro negro, nuestros hijos no pueden ni comer. En 1962 no conseguimos la independencia real. Francia continúa controlando el país con el apoyo de unos dirigentes argelinos que se enriquecen”, espeta Mariam, una mujer que ha acudido a la protesta cubierta por el hiyab o velo islámico y envuelta en una bandera de Argelia y una pancarta que reza “No al voto, no al reciclaje”. “Lo que queremos es un Estado de derecho, tener un presidente civil, no otro militar”, añade esta madre de tres hijos que trabajaba en la administración de la televisión pública, pero dimitió en 2014 porque su sesgo se le hizo insoportable.

De acuerdo con los medios locales, la región de la Kabilia, con una fuerte identidad amazig y una larga tradición de revueltas, es la zona donde hubo más colegios cerrados como consecuencia del boicot popular. En pueblos como Tigzirt o Souama, los activistas habían tapiado las puertas de los colegios para impedir su entrada a los electores. En Arkoun, según se podía ver en un vídeo que circulaba por las redes sociales, varios ciudadanos lanzaron urnas y papeletas en el patio de la escuela a primera hora de la mañana.

Tanto analistas como autoridades, coinciden en señalar que las elecciones presidenciales representan un punto de inflexión en la crisis política que vive el país magrebí desde hace casi 10 meses. Sin embargo, no está nada claro en qué sentido lo será. Desde el Gobierno, se presenta la contienda como el inicio de un proceso de transición que incluirá una reforma de la Constitución y permitirá al país recuperar la estabilidad. Pero algunos observadores temen un agravamiento de la crisis. “Si el próximo presidente no negocia y ofrece importantes concesiones a la calle, como la liberación de los presos políticos, podría producirse una escalada”, advierte la investigadora Dalia Ghanem, del centro Carnegie.

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