921 HECTÁREAS SE QUEMARON EN EL INCENDIO FORESTAL DE ATACAZO.

Su jornada comenzó a las 04:00 de ayer, miércoles 3 de octubre del 2018. Los bomberos de Quito, Puerto Quito, Patate, Rumiñahui y Mejía llegaron con motoguadañadoras, sierras eléctricas, sopladoras y batefuegos para apagar el incendio del lado suroriental del Atacazo.
A esa hora, el frío del páramo se mezclaba con el calor del fuego. Vestían los trajes especiales de aproximación, diseñados para protegerse de las altas temperaturas. Mientras daba instrucciones a través de la radio, Gabriel Conde, comandante de Bomberos del cantón Mejía, cuenta que 80 casacas rojas colaboraron en la emergencia. A ellos se sumaron 50 soldados del Fuerte Militar Atahualpa, que fueron distribuidos en el costado suroriental de la montaña.
A las 09:00, sus rostros estaban manchados de hollín y sus máscaras térmicas, empapadas de sudor. Mientras trabajaban, la Alcaldía de Mejía les proveía de raciones de comida y agua para hidratarse. Algunos llevaban varios días de trabajo en ese sector, se sentían extenuados por la propagación de las llamas. El alcalde de Mejía, Ramiro Barros, señaló que el viento ha sido el peor enemigo desde que se produjo la quema, el sábado a las 14:50. “Pensamos que ya está apagado y se reaviva nuevamente”.
Finalmente, tras cinco días de labor, a las 14:00 de ayer los Bomberos de Mejía declararon extinguido el incendio forestal. 921 hectáreas se consumieron. El uniformado Luis Sanipatín viajó desde Patate. “Llegamos el domingo por la noche. Nos duele cómo atentan contra la naturaleza”.
El del Atacazo es uno de los incendios más fuertes que ha combatido en su carrera. También estuvo el capitán Jorge Soria, de 47 años, junto a su hijo, también bombero. Contó que, en sus 20 años de profesión, varias veces ha colaborado con sus colegas de Mejía. “Cuando hay emergencias en Patate, ellos nos ayudan. Tenemos bosques bastante grandes de pino y eucalipto que se han destruido”.
Ayer, el padre utilizó la sopladora y su hijo apoyó con el batefuego. El joven lleva el mismo nombre de su padre y tiene 22 años. La diferencia es que él pertenece a los bomberos de Mejía. Ingresó allí cuando se abrieron vacantes para nuevo personal. “Trabajar con mi papá es lo mejor porque tenemos confianza, trabajamos hombro a hombro para salir adelante”.
El joven cursa el octavo semestre de Ingeniería en Gestión de Riesgos de la Universidad Internacional. Sus estudios los compagina con su carrera de bombero. Ambos son expertos rescatistas en aguas rápidas. Ellos observaron cómo ardillas, conejos y cuyes silvestres, así como lagartijas se alejaban asustadas del fuego. A las 10:30, las llamas localizadas en el flanco oriental del cerro fueron apagadas, pero en la cima de la montaña había dos focos que continuaban encendidos. Un helicóptero MI del Ejército arrojó agua.
En cada viaje, la nave transportaba 3 500 litros de agua. También participó el helicóptero de Bomberos de Quito. En la tarde las autoridades evaluaban la afectación a la fauna y flora del Atacazo.

FUENTE: DIARIO EL COMERCIO,

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